diciembre 2004

La semana pasada tuvimos el gusto de -por primera vez- ver, en Granada, a Les Luthiers en vivo. Comento lo de primera vez, porque a un europeo, o a un australiano, le puede sonar extraño que un uruguayo descubra su pasión por el genial grupo argentino en el sur de la península ibérica, no fue así.

De hecho soy fanático de Les Luthiers desde mi infancia, pero en Montevideo, una platea del Solís para disfrutar de su espectáculo cuesta la mitad de las glándulas del aparato reproductor de un individuo del sexo masculino; y yo siempre intuí que las iba a precisar para otros fines.

El hecho es que treinta años después de mi primera vez con oreja pegada a parlante de pasadiscos de vinilo; me encontré en tercera fila del auditorio del Palacio de los Congresos, rodeado de andaluces, como si esta fuera mi verdadera primera vez.

Daniel Rabinovich, Carlos López Pucio, Jorge Maronna, Carlos Núñez Cortés, y Marcos Mundstock, vienen recorriendo el mundo de habla hispana con su humor de primer nivel desde hace 35 años.

En el Festival de Coros Universitarios de la Universidad de Tucumán de 1965 se presentó un grupo que combinaba música y humor, tocando unos estrafalarios instrumentos hechos en casa. Una revista de la capital comentó el suceso y los jóvenes músicos graciosos del grupo I Musicisti fueron contratados para actuar en una sala bonaerense. El éxito fue tal que permanecieron tres meses en cartel. A partír de entonces, el grupo -con su actual nombre desde 1967- no ha parado de perfeccionar un estilo que le ganó el aplauso de pie en todos los escenarios del mundo hispanoablante.

En “Todo por que te rías” presentan su tradicional formato de varias piezas de diferentes estilos; desde una ranchera yanqui en forma de chistes de saloon “Lo que le sheriff se contó”, que narra la verdadera historia de cómo el Sheriff Howard Dalton atrapó al bandido; hasta un rap titulado “Los jóvenes de hoy en día”, donde se expresa en aire de crítica la envidia de los mayores por la vida que llevan los menores contemporáneos.

No falta en este espectáculo el instrumental tan extraño como adecuado a la pieza que con él se interpreta. La obra sanitaria, “Loas al cuarto de baño”, fue ejecutada valiéndose de instrumentos como la desafinaducha; consistente en una ducha completa (con canillas, pared y azulejos) que además hace música; la lira de asiento o lirodoro, y el nomeolvidet, híbrido entre artefacto de higiene personal e instrumento medieval.

Huelga decir como yo y los andaluces que me rodeaban disfrutamos el espectáculo que , aunque con un humor que aparece demasiado light para los tiempos que corren, sigue entre el mejor humor del planeta. Uno no va a ver a Les Luthiers para reírse de sus chistes, de hecho, quienes los escuchamos hace años ya los conocemos casi todos. El hecho es ver a los maestros en acción.